Maestro del good-timing

Años entrenando en el arte del good-timing.

Temprano he llegado a la vida de mucha gente, y tarde a la de otras tantas. Una vez conocí a la mujer de mis sueños y los dos teníamos 7 años, nuestras manos de la escuela a la casa no querían separarse, pero era demasiado temprano, para ella y para mi, nuestros ojos de inocencia jamás pensaron separarse, pero tampoco se imaginaban todo lo que les hacía falta ver.

Después la conocí a ella, y estaba tan adelantada que su historia siempre fue contada en los corrillos como leyenda y por los pasillos aparecía levantando miradas con su corta falda de colegio y sus medias con liguero. Era demasiado pronto para enamorarme y tener el corazón roto.

Adecuado en tiempo, pero con un pésimo contexto fue encontrar la niña cuya inocencia perdida y sus abrazos de alquiler ocuparon tiempo muerto e ilusiones vanas, un ángel caído que en otro momento quizá habría despertado mejores emociones y que despareció de mi vida como oportunidad diluida en la distancia de la muerte lenta.

Entonces mi vida se convirtió en una falta de sincronía universal, en adelantarme a los acontecimientos o llegar irremediablemente tarde a las consecuencias de los actos realizados. A veces al pasar frente a un espejo, mi reflejo, no conozco alguien mas adecuado a todo contexto que mi reflejo en las superficies brillantes, ha tenido la osadía de increparme con su ausencia la falta de sincronía con el universo, a veces llegando en el momento justo cuando yo me adelanto a partir, o a veces cansado de esperarme desaparece de mi vista ante la inobjetabilidad del transcurrir del tiempo.

A su vida llegué con 17 años de retraso, de su vida me fui con 9 meses de anticipación, a mi vida llego 33 años tarde pero traigo una bolsa donde cargo recuerdos de antes y de después, y unos libros que quiero que leas conmigo, espera termino de escribir este párrafo…

 

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2 pensamientos en “Maestro del good-timing

  1. Andrea Barrera dice:

    pues de este me gusta el final, no más.

  2. Altayre dice:

    No me gustó nada, pero no porque esté mal escrito, sino porque al leerlo pude leerme a mí mismo, a mis llegadas tarde o tempranos, al sinsabor de la boca en la madrugada por lo que no se hizo, al pesar de las noches por lo que no se pudo. Aich.
    Y tampoco tengo tiempo para leer.
    Ni modo, ya llegué tarde de nuevo.

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