Apostasía

Delego a lo mas profundo de mi pensamiento el sagrado deber de decidir la religión que profesaré de aquí en mas. Por años he visto hombres caer de rodillas ante vanos hechizos, sabios y eruditos engañarse en la retórica de la conjunción verbal, niños compelidos a creer lo que ojos humanos jamás han visto, fes ciegas y voluntades blandas. He decidido creer en algo, o en nada, lo efímero de mi voluntad y lo mucho que mi reticencia permite me hacen abrazar esta decisión, por eso a partir de ahora profesaré tan solo una fe.

 

Existe un solo dios, la incertidumbre.

 

Ha estado en mi desde el principio, me llena, me da fuerza, me da confianza,no importa que tan importante sea lo que he de decidir, ella siempre aparece en el instante mismo en que mi voluntad decae, y es que…lo único que temo es no volver a dudar jamás de nada, eso es el infierno.

Está justo ahora en este mismo texto, escondiéndose, buscando la forma de no ser vista y siendo evidente ante todos; abrazo la duda como máximo motor de mi existencia, la vacilación, el escepticismo, espero no volver a estar seguro de nada, al final uno escoge dioses para mientras vive, si acaso, en la muerte, dudaré de ella.

Denigro de quien se aferra, como al borde de la túnica de su redentor, a una verdad (o dios) absoluto. No hay tal certeza, improbable, intangible, producto de imaginaciones desbocadas y de mentes enfermas. Dejad ahora mismo de lavar mi cerebro con vuestras locuras, las mías son suficientes.

 

 

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