CUENTO DE AMOR A UNA MUJER QUE NUNCA AMÉ

Contenido el ímpetu inicial, hablar directo a su mirada verde aguamarina era una tarea de concentración suma, respirar profundo y evitar estirar la boca y entrecerrar la mirada en gesto inequívoco de ensoñación. Las palabras cruzadas fueron pocas, intercambio de impresiones sobre el clima, inquietud mutua por la salud de familiares y conocidos, qué hay de aquella vez que saliste de mi casa corriendo despavorido la noche en que te prometí no soltarte aún si te lanzabas al precipicio más oscuro y con lágrimas y en medio de sollozos te supliqué que aceptaras el sacrificio de mi esperanza y mi vida entera por compartir a tu lado un futuro? No se, respondí un poco inquieto por no recordar tan específicamente la conversación que hizo que nos separáramos hacía ya tantos años, me asustó la forma en que tus ojos de azul aguamarina se convertían en pozos negro azulados cada vez que me mentías descaradamente prometiendo lo que no ibas a cumplir.

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